martes, 30 de diciembre de 2025

Monos voladores alrededor del muérdago. Sombras narcisistas que oscurecen las fiestas

Fiestas que se convierten en el escenario perfecto para una de las estrategias más dañinas del narcisismo

Las fiestas navideñas y de Fin de año suelen asociarse con reuniones de amigos, con la familia, donde pareciera que predomine la alegría, la armonía, la reconciliación en unos tiempos propicios para la revisión de nuestros propósitos y el compromiso de nuevos comienzos. 

Sin embargo, para aquellas mujeres que han dejado atrás —o están intentando hacerlo— una relación con una persona narcisista, esta época puede convertirse en un auténtico campo minado en el terreno emocional.

Uno de los motivos principales es que las reuniones familiares conlleva la reaparición silenciosa, pero devastadora de los llamados “monos voladores” del narcisista

Entender quiénes son, cómo actúan y cómo protegerte de ellos puede marcar la diferencia entre disfrutar de las fiestas de fin de año disfrutando y con tranquilidad,  o volver a caer en dinámicas de culpa, confusión y desgaste psicológico.

¿Qué son los “monos voladores” del narcisista?

Un mono volador es una expresión coloquial anglosajona para referirse a quien en una relación de abuso narcisista ayuda al agresor a atacar a la víctima. En términos más profesionales también se conoce a este rol como «apáticos» (Shanon, 2016), no porque no tengan sentimientos, sino porque son indiferentes al sufrimiento de la víctima.

En psicología del abuso narcisista, se utiliza para describir a personas del entorno del narcisista que actúan como extensiones de él, de forma consciente o inconsciente. No suelen ser personas malvadas en sí mismas. Pueden ser:

  • Familiares

  • Amigos en común

  • Compañeros de trabajo

  • Incluso personas que apenas conocen a la víctima

Su función principal es defender, justificar o reforzar la narrativa del narcisista, invalidando la experiencia de la víctima.

Tienen un papel esencial en el juego de los narcisistas, psicópatas y sociópatas ya que validan su versión de la historia, ejecutan las ordenes del abusador sin que este salga manchado.

¿Cómo actúan los monos voladores, especialmente en Navidad?



Durante las fiestas, su presencia se facilita como motivo de las reuniones y además, su "tarea" puede intensificarse. ¿Por qué? Porque ellos están siendo preparados y estimulados previamente  por el narcisista, que  sabe que es una época emocionalmente vulnerable y no va a dejar de aprovechar esta circunstancia para intentar que sus tentáculos lleguen a la víctima en forma de mensajeros.

Algunas de frases habituales que suelen transmitir estos mensajeros tóxicos son:

  • “Está muy triste sin ti, es Navidad…”

  • “Deberías perdonar, por el bien de la familia”

  • “Seguro que exageras, él siempre ha sido así”

  • “¿De verdad vas a empezar el año con rencor?”

También pueden dar un paso más e implicarse con acciones concretas, como por ejemplo:

  • Transmitir mensajes “inocentes” del narcisista

  • Espiar redes sociales

  • Compararte con la nueva pareja

  • Minimizar el daño sufrido

Todo esto, por supuesto, lo harán llegar a la víctima con la envoltura del estereotipado espíritu navideño que debería inundar su vida de perdón, amor, conciliación y nuevas oportunidades, lo que lo hace aún más confuso y doloroso ya que, de nuevo coloca a la víctima en el rol de ser la malvada de esta historia.

¿Por qué lo hacen? Motivos psicológicos detrás de los monos voladores

No todos actúan por malicia, la mayoría no son conscientes de que están siendo utilizados. No debemos olvidar que un narcisista es un habilidoso experto en el engaño y la manipulación.

Los motivos más comunes son:

  1. Manipulación directa del narcisista: Como decía, el narcisista es experto en victimizarse y distorsionar la realidad. Además, de conocer cómo debe presentarse según el espectador del momento, algunos tienen tantas versiones de un mismo hecho, como personas se presten a escucharles. 

  2. Miedo a convertirse en la próxima víctima: Aqui si hay un conocimiento de la idiosincrasia del manipulador, y se le teme. Defender al narcisista es, para algunos, una forma de autoprotección. Se unen pensando que así están a salvo, sin saber que el narcisista después de usarlos, no dudara en desecharlos o atacar si asi se beneficia de algún modo. Es un alacran, y su instinto, mas pronto o mas tarde se manifestará.

  3. Dependencia emocional o económica: Especialmente frecuente en familias.Es difícil que la víctima encuentre amparo en la familia del narcisista. Tampoco debe buscar apoyos en aquellos que dependen económicamente del narcisista, por ejemplo, compañeros de trabajo, cuando es el jefe el problema. 

  4. Negación del abuso: Es aquello de que aceptar una buena mentira es más fácil que creer una verdad molesta. Aceptar la verdad implicaría cuestionar la propia percepción o historia, que puede ser tan frustrante que no se atrevan a actuar.

  5. Idealización del “hogar perfecto” por Navidad: En el tiempo del postureo y los likes, muchas personas prefieren mantener la apariencia de armonía a enfrentar la realidad. Son monos voladores por que quieren alcanzar esa aparente felicidad como sea.

Efectos psicológicos en la víctima

El impacto de los monos voladores en la víctima  puede ser tan dañino como lo es enfrentarse al propio narcisista:

  • Reaparece en la víctima el sentimiento de culpa que el narcisista había instaurado

  • Se refuerza la duda sobre lo vivido (gaslighting indirecto)

  • Aumenta la ansiedad y la tristeza por el recuerdo del pasado y la sensación de perdida que acompaña las fechas clave

  • Se reactiva el vínculo traumático

  • Se frena el proceso de sanación

Muchas mujeres describen estas fechas como un retroceso emocional justo cuando creían estar avanzando.

¿Cómo protegerte de los monos voladores en estas fiestas?



Aquí, mantener la claridad del pensamiento es clave. Hay algo que no hay que olvidar, la víctima ya no habita la situación que la victimizo. Tanto si ya ha salido, como si lo está haciendo ahora, o simplemente se lo está planteando, hay un cambio ya en su interior, esté en un paso inicial o ya tenga un camino andado. 

Algunas estrategias fundamentales para aplicar ante este tipo de figuras son:

1. Recuerda: no tienes por que explicarte.  No tienes que justificar tu decisión, ni convencer a nadie de tu experiencia. No necesitas la aprobación de nadie, nadie estuvo en tus zapatos, ni soluciono tus problemas. 

2. Tener límites firmes y asertividad, con cualquiera que lo intente. Se trate de quien se trate, no debemos permitir que nos intimiden o nos transmitan de ningún modo mensajes ocultos del narcisista. Un “prefiero no hablar de este tema” debería ser suficiente.

3. No entres en debates. Quien actúa como mono volador no busca entender, sino convencerte y corregirte. Es como intentar que tu gato aprenda ha tejer, por muy bien que se lo expliques, no hay nada que hacer. 

4. Reduce la exposición. Si puedes, establece contacto cero, es la mejor solución y la que mejor te va a proteger ya que deja al narcisista sin posibilidad de seguir drenándose emocionalmente de tí. En el caso de que no sea posible silencia, bloquea o limita contacto durante estas fechas si es necesario.

5. Rodéate de validación real. Apóyate en personas que realmente creen en ti y te apoyan incondicionalmente. Cuidado, no busques personas que sean la versión edulcorada del abuso. La manipulación que has sufrido puede traicionarte a la hora de buscar relaciones.

Un mensaje importante para cerrar el año

Si estas Navidades has sentido que “algo te removía” al escuchar ciertas frases, no estás exagerando. Es tu cuerpo y tu mente reaccionando ante el recuerdo lo que otros prefieren negar.

No es egoísmo, es protegerte.
No es rencor, es poner límites.
No es falta de espíritu navideño, es elegir la paz.


El mejor propósito de Año Nuevo que puedes hacerte es:

No permitir nunca más que nadie hable por ti




martes, 16 de diciembre de 2025

¿Felices Fiestas? Cuando la Navidad duele


 Atravesar la primera Navidad en duelo no significa superarla, sino transitarla

No se trata de cerrar heridas, sino de cuidarlas. 


Atravesar las fiestas tras la pérdida de un ser querido

La Navidad es, por definición cultural y emocional, un tiempo de encuentro, celebración y continuidad. Sin embargo, cuando estas fechas llegan por primera vez tras la pérdida de una persona querida, el contraste entre lo que “debería ser” y lo que realmente se siente puede resultar profundamente doloroso. La ausencia se hace más visible, el silencio más elocuente y la herida emocional más sensible.

Este artículo pretende ofrecer una mirada profesional, compasiva y realista sobre cómo transitar las celebraciones navideñas en duelo, validando las emociones que emergen y ofreciendo claves que ayuden a la familia a atravesar este periodo con mayor comprensión, cohesión y paz.

La primera Navidad sin esa persona: por qué duele tanto

La primera Navidad tras una pérdida no es solo una fecha señalada en el calendario; es un recordatorio simbólico de la ruptura del vínculo tal y como lo conocíamos, un vivir el vacío. Las tradiciones y los rituales familiares, los lugares en la mesa o las frases habituales activan la memoria emocional y hacen evidente la ausencia.

Desde la psicología del duelo, sabemos que estas fechas actúan como reactivadores emocionales. No indican un retroceso, ni una “mala evolución” del proceso del duelo, sino que forman parte de la evolución normal en un duelo sano. El dolor aparece porque ahí hubo amor, un fuerte vínculo y un significado compartido.

Emociones frecuentes (y normales) en estas fechas

Es habitual que antes y durante las fiestas de Navidad aparezca en las personas que están atravesando un duelo por un ser querido, una mezcla de emociones que pueden resultar confusas o incluso contradictorias:

  • Tristeza profunda o nostalgia intensa.

  • Culpa por experimentar momentos de disfrute.

  • Enfado o irritabilidad sin un motivo aparente.

  • Sensación de vacío o desconexión.

  • Necesidad de aislarse o, por el contrario, miedo a la soledad.

Todas ellas son respuestas emocionales legítimas. No existe una forma correcta de vivir el duelo, ni un ritmo que marque la evolución de este proceso. Cada miembro de la familia puede sentirse y expresarse de manera distinta, y esto también debe ser respetado.

El impacto familiar

El duelo no se vive de forma aislada; atraviesa a todo el sistema familiar. En Navidad, pueden surgir tensiones relacionadas con:

  • Decidir si mantener o modificar las tradiciones anteriores a la falta del familiar.

  • Atender a las diferentes necesidades emocionales que se presentan entre los miembros.

  • Aparecer dificultades entre el deseo de hablar/no hablar de la persona fallecida.

  • Las expectativas externas a la familia de “cumplir con la normalidad” o la alegría que normativamente se asigna a este tipo de celebraciones y festividades.

Es importante recordar que no todos sienten su dolor igual, ni transitan este proceso al mismo ritmo, y que la diversidad de sentimientos y emociones no implica falta de amor ni de respeto hacia quien ya no está.

Algunas claves para atravesar la Navidad en duelo

1. Validar lo que se siente. Permitirse sentir tristeza, llorar o no tener ánimo de participar en celebraciones es un acto de autocuidado, no de debilidad. Forzar la alegría suele aumentar el malestar interno.


2. Hablar de la persona ausente. Nombrar a nuestro ser querido que nos falta, recordar anécdotas o compartir con las personas de nuestro entorno cuánto se le echa de menos, nos ayuda a integrar la pérdida y evita que el silencio se convierta en una barrera emocional que frene la correcta transición del duelo.


3. Revisar las tradiciones sin imposiciones. Algunas familias necesitan mantener los rituales de siempre; otras prefieren modificarlos o crear otros completamente nuevos. No hay decisiones correctas o incorrectas, solo decisiones conscientes y compartidas.


4. Poner límites y cuidarse. Está permitido decir no a compromisos sociales si no se tienen fuerzas. Priorizar el bienestar emocional es especialmente importante en este momento

5. Acompañarse desde la comprensión. Escuchar sin juzgar, respetar los tiempos y evitar frases hechas como “tienes que ser fuerte” o “él/ella querría verte bien” favorece un clima familiar más seguro y reparador.

La Navidad como espacio de recuerdo y resignificación

Aunque, al principio nos resulte difícil de imaginar, con el tiempo la Navidad puede transformarse en un espacio donde el recuerdo conviva con la vida. Honrar la memoria de la persona querida —encendiendo una vela, dedicando unas palabras o manteniendo un gesto simbólico— puede aportar sentido y conexión, sin negar  ni dejar de sentir la ausencia.

El objetivo no es olvidar, sino aprender a vivir con la ausencia de una forma menos dolorosa, integrando el vínculo desde un lugar más sereno.


Con el acompañamiento adecuado, la validación emocional y el respeto mutuo, es posible encontrar pequeños espacios de calma, incluso en medio del dolor.

La paz no llega de golpe, pero puede comenzar con un gesto de comprensión, una palabra sincera o la certeza de que no hay nada malo en cómo te sientes. 

El amor que se compartió sigue siendo parte de la historia familiar, y eso también merece un lugar en la mesa, aunque sea de otra manera.


martes, 9 de diciembre de 2025

¿Qué pasa después del silencio? consecuencias profundas y recuperación tras la violencia de género

Los efectos de la violencia de género en la mujer superviviente: físicos, sociales, mentales y económicos — un enfoque práctico y basado en la evidencia

La violencia de género, cuando se produce, no sólo causa un daño en la víctima que sea inmediato (golpes, insultos, etc). Sus efectos en las víctimas van a permanecer en el tiempo y afectarán a todos los ámbitos de la vida de la mujer superviviente: a su cuerpo, su mente, sus relaciones y su autonomía económica. 

En este artículo desglosáremos los diferentes tipos de maltrato (seguro que las conocemos, pero nunca está de más recordarlas), las consecuencias en las diferentes áreas vitales de las mujeres, el pronóstico de su recuperación y las intervenciones terapéuticas y de apoyo que, a día de hoy, cuentan con un mayor respaldo científico. 

1. Repasando las diferentes formas de maltrato hacia la mujer

La violencia de género puede presentarse de formas diversas, y no es extraño que a menudo coexistan varios tipos de maltrato en una misma relación:

  • Violencia física: golpes, empujones, estrangulamiento, uso de armas.

  • Violencia sexual: violación, coerción sexual, abuso sexual en pareja o fuera de ella.

  • Violencia psicológica/emocional: insultos, humillaciones, amenazas, control coercitivo, gaslighting, acoso.

  • Violencia económica: control del dinero, impedir trabajar,  contratación degradante, endeudamiento forzado.

  • Violencia social: aislamiento intencional, difamación, control sobre relaciones sociales y familiares, acoso laboral.

  • Violencia digital: vigilancia, difusión de imágenes íntimas sin consentimiento, control por redes.

  • Violencia vicaria: daño dirigido a personas queridas (hijos/as, familiares) para herir o controlar a la mujer.

  • Maltrato institucional: respuestas inadecuadas o revictimizadoras por parte de servicios de salud, justicia o sociales.

Es crucial valorar la multiplicidad de formas en las que una mujer puede estar siendo victimizada y que desemboca en el fenómeno del maltrato acumulado (exposición repetida o a varios tipos simultáneamente), que agrava el impacto, la posibilidad de salir de la situación de maltrato y la capacidad de recuperación de la víctima.

2. Consecuencias del maltrato, más allá de lo visible

A continuación veremos con detalle, algunas de las consecuencias más frecuentes que pueden estar afectando a la mujer que es víctima de violencia de género, o que ha pasado por la experiencia de haberla sufrido. Estas consecuencias suelen interaccionar entre ellas y pueden mantenerlos 

2.1 Algunos de los efectos físicos son:

  • Lesiones agudas: contusiones, fracturas, quemaduras, traumatismos craneoencefálicos.

  • Secuelas somáticas crónicas: dolor musculoesquelético persistente, cefaleas, fatiga crónica, trastornos gastrointestinales funcionales (síndrome del intestino irritable), fibromialgia.

  • Problemas ginecológicos y reproductivos: dolor pélvico, dispareunia, embarazos forzados o no deseados, abortos, complicaciones obstétricas.

  • Riesgos neurológicos: daño por traumatismo craneal (incluido estrangulamiento), que puede producir déficits cognitivos, mareos, problemas de memoria y concentración.

  • Enfermedades crónicas exacerbadas: hipertensión, problemas cardiometabólicos y enfermedades inmunológicas que se agravan por estrés crónico.

  • Conductas de riesgo sanitario: consumo de tabaco, alcohol o sustancias como estrategias de afrontamiento; diagnóstico tardío o abandono de tratamientos médicos por miedo o control.

2.2  A nivel mental y emocional: 

  • Trastornos relacionados con trauma: trastorno de estrés postraumático (TEPT) y trastorno de estrés postraumático complejo, , trastorno de estrés agudo, síntomas disociativos.

  • Trastornos afectivos y de ansiedad: depresión mayor, trastornos de ansiedad generalizada, ataques de pánico.

  • Ideación y conductas suicidas: riesgo aumentado especialmente cuando hay historial de abuso sexual, aislamiento y comorbilidad psiquiátrica.

  • Dificultades cognitivas y neuropsicológicas: problemas atencionales, de memoria y en la toma de decisiones, que pueden tener su origen en el estrés crónico o en lesiones cerebrales.

  • Trastornos del sueño y apetito: insomnio, pesadillas, pérdida o aumento de apetito con impacto en el peso y en la falta de energía.

  • Problemas en la regulación emocional: ira, hipervigilancia, anhedonia, vergüenza, baja autoestima.

  • Uso problemático de sustancias como intento de autotratamiento.

2.3  Y a nivel social y  de las relaciones

  • Aislamiento social: ruptura de redes de apoyo, pérdida de amistades o del contacto familiar.

  • Estigmatización y culpabilización: por parte de la comunidad o incluso profesionales; revictimización.

  • Relaciones parentales y filiales: impacto en la crianza, transmisión intergeneracional de trauma, efectos en el vínculo con hijos/as (miedo, sobreprotección o desconexión).

  • Dificultades laborales y académicas: absentismo laboral, pérdida de rendimiento, despido, imposibilidad de mantener un empleo.

  • Vulnerabilidad a nuevas situaciones de abuso: por dependencias económicas o ruptura de redes protectoras.

2.4  También impacta en la economía

  • Pérdida de ingresos y empobrecimiento: despidos, reducción de jornada forzada, imposición de deudas.

  • Deuda y precariedad: control del dinero, endeudamiento por parte del agresor, falta de acceso a recursos financieros.

  • Barreras para rehacer la vida laboral: carencia de documentación, falta de referencias, baja empleabilidad por brechas laborales o deterioro de salud.

  • Dependencia económica como factor de mantenimiento de la violencia: dificulta la salida y la sostenibilidad fuera de la relación.

3. Factores que modulan el impacto y el pronóstico de recuperación

La recuperación se parece a montar en una montaña rusa. No es lineal, ni igual para todas las mujeres, pero sí podemos deducir de los estudios llevados a cabo que existe una serie de factores que de estar presentes, anuncian un mejor pronóstico, así como si en su lugar aparecen otro tipo de factores, lo que indican es un aumento en la dificultad de la recuperación. Veamos:

Factores que empeoran el pronóstico

  • Cronicidad y severidad del abuso (exposición prolongada y gravedad).

  • Polivitimización (exposición a varios tipos de violencia a la vez).

  • Estrangulamiento o traumatismo craneoencefálico (riesgo de secuelas neurológicas persistentes).

  • Falta de redes de apoyo o presencia de revictimización institucional.

  • Problemas económicos que impiden la autonomía /dependencia).

  • Comorbilidad psiquiátrica previa o consumo problemático de sustancias.

  • Presencia de violencia hacia hijas/os (vicaria), lo que añade un factor de control y trauma.

Factores que mejoran el pronóstico 

  • Acceso rápido a intervención segura y basada en evidencia (terapia específica para trauma).

  • Red de apoyo social estable y presente (familia, amistades, grupos de apoyo).

  • Empoderamiento y recursos económicos (acceso a un empleo, formación, seguridad financiera).

  • Atención sanitaria y jurídica coordinada y sensible al trauma.

  • Intervenciones tempranas tras el incidente traumático.

¿Qué esperar en términos temporales?

No hay recetas universales: algunas mujeres muestran una mejora significativa en pocos meses cuando se aplica una intervención adecuada; otras en cambio,  pueden presentar síntomas crónicos que requieren de una intervención más a largo plazo y un abordaje multidisciplinar. 

El objetivo clínico debe ser realista y buscar la reducción del sufrimiento, la mejora del funcionamiento a todos los niveles y la recuperación de la autonomía, más que una receta mágica que proporcione una“curación inmediata”.

4.  Intervención psicológica en consulta. 

Es absolutamente necesaria una estructura muy definida, especializada y centrada en cada caso en concreto y sus particularidades, para iniciar una intervención con mujeres que han vivido esta experiencia traumática, prestando especial atención a los siguientes puntos:
  • Seguridad ante todo: evaluar riesgo actual (violencia en curso, amenazas, acceso a armas, estrangulamiento, riesgo suicida).

  • Historia detallada de la violencia: tipos, cronología, frecuencia, perpetrador/es, contexto familiar y social. 

  • Valoración de síntomas psiquiátricos y somáticos: evaluarla presencia de depresión, ansiedad, TEPT; screening para consumo de sustancias; exploración física y derivación médica si procede.

  • Evaluación funcional: empleo, vivienda, recursos económicos, custodia de hijos/as.

  • Protección y recursos: plan de seguridad, opciones legales y sociales, consentimiento informado para el registro de información.

  • Registro y documentación forense cuando corresponda (siguiendo protocolos legales y éticos).

5. Tratamientos psicológicos y otras ayudas (con evidencia científica) 

A continuación, haremos un repaso por las intervenciones con mayor respaldo empírico y cómo integrarlas en consulta. Insisto en apuntar de nuevo, que cada caso exige una formulación individualizada y, en muchas ocasiones, puede resultar adecuado combinar diferentes técnicas y tipos de abordajes.

5.1 Psicoterapias basadas en trauma (alto nivel de evidencia para síntomas de TEPT y trauma complejo)

  • Terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma (TF-CBT / Cognitive Processing Therapy — CPT / Prolonged Exposure — PE): eficaz para TEPT y síntomas asociados; trabaja reestructuración cognitiva, exposición segura a recuerdos traumáticos y manejo de evitación. Indicada cuando la persona está en condiciones de seguridad suficiente.

  • EMDR (Desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares): múltiples ensayos muestran reducción de síntomas traumáticos; efectiva en pacientes que pueden tolerar la activación emocional que la técnica genera. Personalmente, me preocupa que sea una técnica "de moda" dado que requiere una alta preparación y especialización de los terapeutas que la aplican, y que los efectos negativos de exponerse a una intervención que no cuente con un profesional adecuado, pueden ser poco deseables.

  • Terapia narrativa y Terapia de exposición prolongada en formatos adaptados: útiles si se integran con seguridad y psicoeducación.

Consideraciones clínicas: antes de aplicar una técnica, sería muy adecuado evaluar en la mujer el nivel de tolerancia a la exposición; priorizar seguridad y estabilización si hay amenaza continua, riesgo de autolesión o desregulación emocional severa.

5.2 Intervenciones de estabilización y regulación emocional

  • Terapias centradas en la regulación afectiva: entrenamiento en habilidades (por ejemplo, elementos de Terapia Dialéctico-Conductual) para pacientes con impulsividad, autolesiones o problemas de desregulación.

  • Intervenciones psicoeducativas y de afrontamiento: manejo del sueño, higiene, respiración, grounding para síntomas disociativos.

  • Tratamiento farmacológico: puede ser coadyuvante (ISRS para depresión y ansiedad, medicación para el insomnio o síntomas somáticos) — siempre individualizar y coordinar con psiquiatría.

5.3 Intervenciones grupales y apoyo psicosocial

  • Grupos de apoyo para supervivientes: reducen aislamiento, normalizan experiencias y fortalecen redes sociales.

  • Intervenciones basadas en empoderamiento económico: programas que combinan formación laboral, microcréditos y apoyo psicosocial pueden mejorar resultados y reducir dependencia (la evidencia indica beneficios cuando las intervenciones están integradas y con medidas de seguridad).

  • Intervenciones familiares o de pareja: sólo si la seguridad está garantizada y en contextos muy específicos (en general no recomendables si la violencia continúa).

5.4 Enfoque integral: coordinación sanitaria, social y legal

  • Modelos “one-stop” o servicios integrados (salud, asesoría legal, servicios sociales) facilitan el acceso y reducen revictimización.

  • Planeamiento de seguridad y medidas legales: derivación a servicios jurídicos, órdenes de protección, apoyo en trámites financieros y vivienda de emergencia.

  • Atención perinatal específica: embarazadas víctimas requieren coordinación obstétrica-psicológica por riesgos obstétricos y para el bienestar de madre-bebé.

5.5 Intervenciones culturales y adaptadas

  • Adaptaciones culturales y lingüísticas mejoran adherencia y eficacia.

  • Atención sensible al género, a la diversidad sexual y a factores étnicos/socioeconómicos.

6. Pasos y prioridades

  1. Evaluar y asegurar seguridad (si hay riesgo inminente activar recursos).

  2. Estabilización: manejo del sueño, alimentación, crisis suicida, consumo.

  3. Psicoeducación sobre trauma, normalización de reacciones, expectativas sobre recuperación.

  4. Plan de intervención psicológica informado por la formulación clínica: estabilización → intervención traumaterapéutica (TF-CBT/CPT/EMDR) → trabajo de empoderamiento y reinserción social.

  5. Derivar y coordinar: atención médica, servicios sociales, asesoría legal, empleo/educación.

  6. Evaluación continua del riesgo y del progreso: usar medidas estandarizadas para síntomas (escalas de TEPT, depresión, ansiedad) y adaptar el plan.

  7. Promover redes de apoyo y grupos como complemento terapéutico.

  8. Registrar y documentar respetando confidencialidad y normas forenses cuando proceda.

7. Principios importantes a tener en cuenta: 

  • Atención centrada en la persona y en el empoderamiento: respetar las decisiones autonómicas de la superviviente, incluso si decide no denunciar.

  • Confidencialidad y consentimiento informado — muy importante en contextos de violencia.

  • No revictimizar: evitar preguntas innecesarias; usar lenguaje validante y no culpabilizante.

  • Formación continua del personal: detección, cuidado de crisis y conocimiento de recursos comunitarios.

  • Trabajo interdisciplinar y respeto por la experiencia y preferencias culturales de la paciente.

8. Hay que poner la mirada en:

  • Falta aún investigación longitudinal amplia sobre recuperación a largo plazo en contextos socioeconómicos diversos.

  • Necesidad de estudios que integren resultados clínicos con indicadores de autonomía económica y calidad de vida.

  • Evaluaciones más rigurosas sobre intervenciones combinadas (psicológicas + económicas + legales) son prometedoras pero aún requieren evidencia sólida en distintas regiones.

9. Concluyendo...

La violencia de género produce un conjunto de secuelas complejas que requieren respuestas integradas, basadas en la evidencia y centradas en la seguridad y el empoderamiento de la mujer superviviente. 

Desde la consulta psicológica podemos ofrecer intervención terapéutica específica para el trauma, pero ello debe complementarse con medidas sociales, jurídicas y económicas que permitan una recuperación real y sostenible. 

No existe una "solución única": la práctica clínica rigurosa exige evaluación precisa, priorización de la seguridad, elección de terapias con respaldo científico y coordinación interdisciplinar. 

Como profesionales debemos cuestionar y mejorar sistemáticamente las respuestas institucionales para evitar la revictimización.

Sí este artículo ha resonado en tí, deja tu comentario y te leemos.


jueves, 4 de diciembre de 2025

Detectar a tiempo la “red oscura”: señales, mecánicas y salidas cuando la relación muestra rasgos de la triada oscura

Hay relaciones que, desde sus comienzos, vienen cargadas de señales de peligro. 



A veces esas señales son sutiles; otras, tan intensas que son fáciles de minimizar por el deseo, la vergüenza o la confusión. Cuando una persona exhibe rasgos consistentes de la llamada triada oscura de la personalidad —narcisismo, maquiavelismo y rasgos psicopáticos—, el riesgo de manipulación emocional, violencia psicológica y daño relacional aumenta. 

Este artículo explica qué observar desde el inicio, cómo funcionan las tácticas de control, por qué muchas mujeres permanecen atrapadas, y qué pasos seguros y reales se pueden dar para salir o pedir ayuda.

¿Qué es la “triada oscura” en términos prácticos?

No es necesario saber diagnósticos clínicos para reconocer conductas peligrosas. En términos sencillos:

  • Narcisismo: grandiosidad, exigencia de admiración, falta de empatía, uso de la pareja para recibir validación.

  • Machiavelismo: frialdad estratégica, manipulación calculada, instrumentalización de las personas para obtener beneficios.

  • Rasgos psicopáticos: impulsividad, mentiras frecuentes, falta de remordimiento, comportamiento predatorio.

Una persona no necesita encajar perfectamente en estas categorías para ser dañina: lo importante es la constelación de comportamientos que generan control, humillación y desestabilización emocional.



Banderas rojas en los primeros estadios de la relación (lo que conviene ver con atención)

Muchas víctimas recuerdan retrospectivamente que “algo no encajaba” desde el principio. Estas señales tempranas —si se acumulan— deben tomarse en serio:

  • Love-bombing excesivo: halagos hiperbólicos, atenciones rápidas e intensas, declaraciones de amor precozas que buscan acelerar la dependencia.

  • Descalificación velada: comentarios “en broma” que minan la autoestima (ej.: “eres demasiado sensible”), especialmente si cambian hacia la culpabilización cuando se protesta.

  • Control tempranero del tiempo: quejas por ver a amigas/familia, demandas sutiles para reorganizar tu vida.

  • Celos injustificados y pruebas: interrogatorios por mensajes, “tests” de lealtad, o reproches por pequeñas interacciones sociales.

  • Comportamiento dual: en público amable y encantador, en privado controlador o frío.

  • Mentiras y contradicciones: pequeñas falsedades que se vuelven patrón; minimización cuando se les confronta.

  • Aislamiento progresivo: pasos pequeños pero constantes para reducir tu red de apoyo.

  • Gaslighting temprano: negar lo ocurrido, decir que “no recuerdas bien”, poner en duda tu juicio.

  • Pronto encono a límites: intolerancia a que pongas límites, enfados desproporcionados por límites razonables.

  • Historia de relaciones problemáticas: si repite patrones similares con parejas anteriores y se niega a responsabilizarse.

Si reconoces dos o más de estas señales de manera continuada, presta atención: no son “defectos” menores, suelen ser el patrón de una dinámica dañina.

Métodos de manipulación más habituales (cómo operan)

Los individuos manipuladores suelen utilizar una combinación de estrategias, muchas de ellas muy estudiadas. Entre las más frecuentes:

  • Love-bombing → devaluación → descarte: alternancia entre idealización y desvalorización para crear dependencia y confusión emocional.

  • Gaslighting: hacerte dudar de tu memoria, percepción o cordura; negar hechos y responsabilizarte por “exagerar”.

  • Aislamiento gradual: interferir en tus relaciones con familia y amistades con excusas y reproches.

  • Control económico: restringir acceso al dinero, evaluar los gastos, condicionar la autonomía financiera.

  • Estrés intermitente y refuerzo variable: recompensas emocionales imprevisibles que mantienen la esperanza y la búsqueda de aprobación (principio del “gancho” conductual).

  • Victimización invertida: cuando se les exige responsabilidad, se vuelven víctimas y reprochan que “les haces daño”, invirtiendo roles.

  • Humillación pública o privada: socavar autoestima con burlas selectivas, especialmente en contexto íntimo.

  • Amenazas veladas: no siempre físicas; pueden ser perder la relación, exponer secretos o venganzas sociales.

  • Manipulación mediante terceras partes: usar amigos, exs o familiares para presionar o espiar.

Estas tácticas funcionan porque actúan sobre mecanismos psicológicos básicos: apego, recompensas sociales, miedo al abandono y la confusión cognitiva.

Creencias disfuncionales que sostienen la permanencia en estas relaciones

Muchas mujeres permanecen por creencias aprendidas o culturalmente reforzadas. Identificarlas es crucial para desmontarlas:

  • “Si yo fuera mejor, él cambiaría” (creencia de responsabilidad personal absoluta).

  • “El amor todo lo aguanta” (mito romántico que naturaliza el sacrificio extremo).

  • “Salir sola sería fracasar” (miedo a la estigmatización social).

  • “No lo merezco” / “No puedo encontrar algo mejor” (baja autoestima internalizada).

  • “Él tiene problemas y yo debo salvarlo” (rol de cuidadora que legitima la tolerancia al maltrato).

  • “Los conflictos son normales; así son todas las parejas” (normalización de abuso).

Trabajar estas creencias con herramientas cognitivas y emocionales es parte esencial del proceso de recuperación.

Procesos psicológicos y emociones que atrapan (por qué es tan difícil irse)

Detrás de la conducta hay procesos mentales y emocionales poderosos:

  • Vínculo traumático o trauma bonding: la alternancia entre afecto y abuso crea un apego fuerte basado en dependencia emocional.

  • Refuerzo intermitente: las recompensas impredecibles (muestras de cariño ocasionales) generan una búsqueda compulsiva de aprobación.

  • Culpa y auto-acusación: la víctima asume la responsabilidad por el conflicto, reduciendo la posibilidad de abandonar la relación.

  • Miedo (a la represalia, al abandono, a la soledad): emoción potente que paraliza decisiones.

  • Cognición disonante: combinar la realidad del abuso con la idealización del agresor genera justificaciones internas que sostienen la permanencia.

  • Aislamiento social: pérdida de apoyo produce sensación de no tener alternativas.

  • Shame (vergüenza): miedo a ser juzgada, lo que impide pedir ayuda.

  • Dependencia económica o logística: barreras reales que dificultan la salida (vivienda, ingresos, hijos/as).

Conocer estos procesos ayuda a normalizar la reacción de quien sufre y a planificar salidas con realismo.

¿Cómo evaluar mi riesgo y protegerme desde el inicio?

Si identificas banderas rojas, actúa con prudencia:

  • Confía en tu percepción. Si algo te hace sentir incómoda de forma recurrente, no lo descartes.

  • Mantén tu red de apoyo: no reduzcas el contacto con amigas/familia. Comunica sutilmente tus inquietudes.

  • Documenta incidentes: guarda mensajes, fechas y testimonios si la situación empeora.

  • Valora la seguridad física: si hay amenazas, violencia física o riesgos con menores, prioriza la seguridad inmediata y busca ayuda profesional o legal.

  • No confrontes públicamente cuando estés en riesgo: las confrontaciones impulsivas pueden aumentar la peligrosidad. Busca apoyo profesional para planificar.

  • Controla la información personal: evita facilitar datos que permitan control o vigilancia (ubicación en tiempo real, contraseñas compartidas, acceso a cuentas).

Estrategias y salidas posibles (pasos concretos y realistas)

Salir de una relación abusiva suele requerir planificación y apoyo. Aquí pasos prácticos, pensados para minimizar riesgo:

  1. Evalúa el riesgo: ¿hay violencia física, amenazas con armas, vigilancia? Si es así, contacta a los servicios de emergencia y a recursos especializados.

  2. Busca apoyo confidencial: profesional de salud mental, servicio de atención a víctimas, ONG especializadas en violencia de género o una persona de confianza.

  3. Plan de seguridad: identifica dónde podrías ir, documentos importantes (DNI, tarjetas), copia de llaves, números de contacto. Mantén todo en un lugar seguro o con una persona de confianza.

  4. Protege económicamente tus recursos: busca asesoría sobre cuentas, prestaciones, recursos sociales que te puedan ayudar.

  5. Limita la comunicación: si la interacción te hace daño, reduce o controla el contacto y usa registros escritos para evidencias.

  6. Terapia y redes de apoyo: la ayuda psicológica especializada en violencia de género es clave para recomponer la autoestima y desmontar creencias disfuncionales.

  7. Asesoría legal y servicios sociales: para medidas de protección, pensiones, custodia, órdenes de alejamiento, etc.

  8. Reinserción y reconstrucción: talleres, empleo, grupos de apoyo, formación que te permitan recuperar autonomía y seguridad emocional.

Importante: cada caso es único. Planificar con profesionales aumenta la seguridad y la efectividad de la salida.

¿Cómo ayudar a alguien que sospechas está atrapada?

Si una amiga o familiar está en una relación complicada:

  • Escucha sin juzgar. La condena aleja; la empatía acerca.

  • Valida su experiencia: “entiendo que esto debe ser muy doloroso” en lugar de “sal de ahí ya”.

  • Ofrece apoyo práctico: acompañamientos, teléfonos, un lugar seguro temporal.

  • Evita presionarla con urgencia; esto puede hacerla retraerse.

  • Facilita información sobre recursos y opciones; pregunta cómo puedes ayudar concretamente.

  • Anima a documentar hechos si hay indicios de violencia.

  • Cuida tu seguridad: intervenir sin planificación puede aumentar el riesgo para ambas.

Busca servicios locales de atención a la violencia de género, centros de salud mental y ONG que trabajen la violencia contra las mujeres. Si quieres, te ayudo a localizar recursos concretos en Valencia (servicios municipales, asociaciones y asesoría legal).

Si lees esto y sientes escalofríos porque reconoces cosas en tu relación: no eres culpable por haber entrado; nadie elige ser manipulado. Lo que sí está en tu poder es informarte, crear una red de apoyo y planificar salidas seguras. Hay profesionales, recursos y personas que te pueden acompañar. La valentía no es salir de inmediato: a veces la valentía es pedir ayuda y permitir que te escuchen.

sábado, 22 de noviembre de 2025

El rol de la mujer adulta en la construcción de comunidades más humanas

En la historia de la humanidad, la mujer adulta ha sido un pilar, tantas veces silencioso, pero fundamental en la creación de los vínculos sociales, en la transmisión de los valores y en la construcción de espacios de cuidado de los demás. 



En las últimas décadas, la psicología —especialmente las perspectivas feministas y los estudios sobre desarrollo adulto femenino— ha profundizado en una idea poderosa: las mujeres adultas no solo están protagonizando una evolución hacia la transformación de sí mismas, sino que transforman los entornos que habitan

Su rol no es únicamente un tema biológico o cultural, sino profundamente psicosocial: la mujer manifiesta una alta capacidad para sostener, nutrir y transformar las comunidades y sus grupos relacionales hacia modelos más humanos, y resilientes.

Familia, barrio, trabajo, organizaciones sociales… allí donde una mujer participa, se observa un potencial único para crear vínculos más empáticos, redes más sostenibles y espacios socialmente más saludables.

Este artículo explora ese rol desde una mirada científica pero cercana, poniendo el foco en la forma particular en las mujeres como elementos esenciales y transformadoras de la sociedad.

Dos autoras fundamentales, Carol Gilligan y Jean Baker Miller, mostraron que el desarrollo de las mujeres tiende a estar profundamente ligado a la relación con los demás, lo que significa que, a nivel sociocultural y psicológico, han desarrollado habilidades específicas para:

  • Aprender a leer las necesidades emocionales de su entorno.

  • Promover la cooperación cuando hay que hacer frente a la competencia.

  • Crear espacios de conversación y mediación de conflictos.

  • Aumentar el bienestar colectivo.

Estas competencias —muchas veces invisibilizadas— son esenciales para construir comunidades más humanas en un mundo que a menudo prioriza la productividad por encima del cuidado.

La adultez, especialmente entre las mujeres de hoy, es cada vez más común que se convierta en una etapa de integración interna, donde muchas mujeres:

  • Reevalúan sus roles.

  • Se cuestionan expectativas culturales.

  • Buscan mayor autenticidad.

  • Amplían su influencia social más allá del círculo íntimo.

A nivel psicológico, esto coincide con procesos de maduración en la identidad, en la conciencia social y en la regulación emocional. 

¿Cómo contribuyen las mujeres adultas a lograr el cambio hacia comunidades más humanas? 

Repasemos algunos aspectos fundamentales que favorecen el cambio impulsado por las mujeres que han llegado a la adultez:

La experiencia vital acumulada: Marcada por una trayectoria de aprendizajes, tanto personales como colectivos. Esta experiencia se convierte en un recurso para guiar y acompañar a otros.

Su capacidad de cuidado: La psicología evolutiva señala que el cuidado no es solo instinto, sino también una construcción cultural. Las mujeres adultas han sido tradicionalmente portadoras de prácticas de cuidado que hoy se resignifican como herramientas de liderazgo comunitario.

El cuidado —emocional, físico, comunitario— ha sido históricamente asignado a las mujeres, pero hoy se entiende como un pilar de sociedades sanas, no como una tarea doméstica.

Las mujeres adultas están liderando la redefinición del cuidado como un valor colectivo, no individual.

Las redes de apoyoLa investigación en psicología comunitaria muestra que las redes que sostienen a una comunidad suelen surgir de dinámicas de escucha activa, solidaridad práctica y empatía, habilidades que muchas mujeres adultas tienen muy desarrolladas.

Las mujeres tienden a generar vínculos horizontales, basados en la confianza y la reciprocidad. Estas redes son esenciales para crear y sostener comunidades más humanas, donde la solidaridad reemplaza la competencia.

Desde grupos de madres hasta redes profesionales, estas conexiones reducen estrés, fortalecen la resiliencia y mejoran la salud mental colectiva.

Favoreciendo la comunicación consciente: Las mujeres adultas suelen ocupar roles de mediación en conflictos familiares o comunitarios, aplicando estrategias de comunicación emocionalmente inteligente. 

Esto contribuye a que los espacios sociales sean menos polarizados y más dialogantes. 

Impulsando proyectos con sentido social: Muchas mujeres, a partir de cierta edad, encuentran motivación profunda en actividades que dejan huella: voluntariado, iniciativas de salud mental, emprendimientos con impacto, educación, proyectos culturales…Su rol suele orientarse a mejorar la vida de otros, creando entornos más seguros y acogedores.

Como resultado  de estos factores, la mujer adulta se convierte en un agente de cohesión y cambio.

Obstáculos que enfrentan… y que, a pesar de ellos, no han logrado impedir que transformen la comunidad

No podemos olvidar que las mujeres a menudo cargan con:

  • Sobrecarga de responsabilidades.

  • Presión laboral y familiar simultánea.

  • Invisibilización de su labor social.

  • Mandatos culturales que limitan su participación.

Aun así, o precisamente por ello, su capacidad de resiliencia y reorganización emocional se convierte en un modo de vida a imitar. La superación de estas barreras inspira cambios en toda la comunidad, al modelar nuevas formas de liderazgo femenino basadas en la fortaleza psicológica y la autenticidad.



¿Puede una mujer potenciar su rol comunitario?

Por supuesto que si. No solo puede, sino que debe hacerlo sin lugar a dudas. Veamos algunos de los puntos a tener en cuenta y que todas las mujeres deberían considerar indispensables:
  • Cuidando su salud mental: una mujer emocionalmente sostenida sostiene mejor a su comunidad.

  • Diciendo “no” sin sentimientos de culpa para evitar la sobrecarga. Los límites son absolutamente necesarios.

  • Formando alianzas con otras mujeres, creando círculos de apoyo mutuo. 

  • Liderando desde la humanidad, mostrando al mundo que actuar con humanidad no es debilidad.

  • Participando activamente en espacios públicos locales (colegios, asociaciones, iniciativas de actos en el barrio, etc).

  • Educando en empatía: con hijos, pareja, amistades, compañeros de trabajo.

Construir comunidades humanas implica revalorizar lo emocional y lo relacional frente a lo meramente productivo. Aquí la mujer adulta juega un papel clave:

  • Promueve espacios de diálogo donde las emociones no son vistas como debilidad, sino como fuente de cohesión.

  • Integra generaciones: conecta jóvenes, adultos y mayores, creando puentes intergeneracionales que enriquecen la vida comunitaria.

  • Defiende valores éticos como la justicia, la equidad y el respeto, que son la base de sociedades más inclusivas.

Cada pequeño gesto cotidiano, cada vínculo que una mujer adulta fortalece, deja un impacto comunitario que, sumado al de las otras mujeres, se convierte en transformación social.

Desde la psicología de la mujer sabemos algo esencial: la comunidad se teje a través de vínculos, y las mujeres adultas poseen un talento excepcional para tejer conexiones profundas, significativas y humanizadoras.

En tiempos donde lo individual parece dominar, la mujer  emerge como un faro de conexión, cuidado y sentido. Su rol es mucho más que acompañar: es liderar una forma diferente de estar en el mundo, más empática, más inclusiva y más humana.

Este artículo busca ser una invitación para que cada lectora reconozca el valor de su propia experiencia y se vea como protagonista activa en la creación de comunidades más humanas. 

Porque cada gesto, cada palabra y cada vínculo que cultivamos tiene el poder de transformar nuestro entorno.



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