domingo, 29 de junio de 2025

Adolescentes como agentes activos en la prevención y respuesta al acoso

Sabemos que la adolescencia es una etapa vital de grandes cambios, de exploración de la identidad, de construcción de relaciones sociales complejas y, en ocasiones, de vulnerabilidad a ciertas problemáticas.

El enfoque se debe centrar en comprender el acoso y la violencia tal como se manifiesta en el mundo de los adolescentes: en sus interacciones en el entorno escolar, en el ámbito online a través de las redes sociales y el ciberacoso, en sus relaciones de amistad y de pareja, y en las dinámicas específicas de poder que pueden surgir en sus grupos, buscando empoderar a los jóvenes para prevenir, identificar y responder al acoso y la violencia de una manera efectiva y segura, dentro de su propio mundo y utilizando recursos y estrategias adaptadas a su edad y a sus experiencias.

Cuando invertimos en prevención y educación, estamos creando entornos seguros donde los adolescentes se sienten protegidos, valorados y respetados. Un entorno seguro es un espacio donde pueden florecer, concentrarse en sus estudios, desarrollar su potencial y construir relaciones significativas sin el temor constante al acoso o la violencia.

Además, la prevención no solo beneficia a las posibles víctimas, sino también a los posibles agresores. Al intervenir tempranamente y ofrecerles alternativas a la violencia, al ayudarles a desarrollar habilidades sociales y emocionales saludables, les estamos dando la oportunidad de construir un futuro diferente, sin repetir patrones dañinos.

En definitiva, la prevención no es un gasto, es una inversión en el bienestar de nuestros adolescentes, en la calidad de nuestros centros educativos y en la construcción de una sociedad más justa y pacífica. Es nuestra responsabilidad como adultos proporcionarles las herramientas y el entorno que necesitan para crecer seguros, respetuosos y capaces de construir relaciones positivas. ¿Están de acuerdo en que este es un esfuerzo en el que todos debemos involucrarnos activamente?

Es fundamental que seamos conscientes de que la necesidad de prevenir el acoso y la violencia entre adolescentes no es solo una cuestión ética o moral, sino que también está respaldada por un marco legal tanto a nivel de la Comunidad Valenciana como a nivel de España.

A nivel autonómico, la Comunidad Valenciana cuenta con normativas específicas orientadas a la protección de la infancia y la adolescencia, así como protocolos de actuación en los centros educativos ante situaciones de acoso. Por ejemplo, la Orden 62/2014, de 28 de julio, actualiza la normativa sobre los planes de convivencia y establece protocolos de actuación e intervención ante supuestos de violencia escolar. También existen resoluciones e instrucciones más recientes que detallan los modelos de actuación ante posibles casos de acoso y ciberacoso en los centros educativos sostenidos con fondos públicos. Estas normativas reconocen el derecho de los alumnos a un entorno seguro y libre de violencia, y obligan a los centros a implementar medidas de prevención, detección e intervención.

A nivel nacional, la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOE), modificada posteriormente por la LOMLOE, establece principios fundamentales como la promoción de la convivencia escolar, la prevención del acoso y la atención integral a las víctimas. Además, la Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia, refuerza la protección de los menores ante cualquier forma de violencia, incluyendo el acoso escolar, y establece la obligación de las administraciones públicas de desarrollar políticas de prevención, detección y atención.

Estas leyes y normativas no sólo reconocen la gravedad del problema, sino que también mandan a las administraciones educativas y a los centros escolares a tomar medidas concretas para prevenir y abordar el acoso y la violencia. Esto incluye la elaboración de planes de convivencia, la formación del profesorado, la sensibilización de la comunidad educativa y la implementación de protocolos claros de actuación ante casos detectados.


Por lo tanto, la prevención del acoso y la violencia no es solo una recomendación, sino una obligación legal que todos los agentes implicados en la educación y el bienestar de los adolescentes debemos asumir con responsabilidad y compromiso.

Deja tus comentarios, queremos aprender juntos


viernes, 27 de junio de 2025

¿Es normal lo que me está pasando?


 

La pregunta inevitable

Una de las preguntas más frecuentes que muchas mujeres hacen en consulta psicológica es: ¿Esto qué me pasa es normal?

Esta pregunta suele surgir cuando el cuerpo y la mente comienzan a manifestar síntomas que parecen no tener una causa evidente o que, incluso, se perciben como desproporcionados frente a las situaciones que los han generado.

No es raro escuchar frases como: “No entiendo por qué me siento así si en teoría debería estar bien”, o “Desde que pasó esto, ya no me reconozco”.

En este artículo abordaremos los síntomas relacionados con la aparición de ciertos síntomas que pueden aparecer después de haber vivido cambios vitales con alto factor estresante, una condición emocional más común de lo que se cree, pero también ampliamente malinterpretada o subestimada.

Cambios vitales y la carga invisible del estrés

Mudanzas, rupturas, cambios laborales, el nido vacío, una enfermedad, la jubilación, el matrimonio de los hijos o incluso un ascenso profesional pueden detonar un desajuste emocional significativo.

A pesar de que muchas de estas transiciones están socialmente validadas como “normales” o incluso “positivas”, no siempre se reconocen sus efectos emocionales profundos.

En Psicología hablamos del trastorno adaptativo para explicar una respuesta psicológica desproporcionada ante la presencia de un estresor presente e identificable.

No implica debilidad, sino que nuestro sistema emocional está sobrecargado y está intentando adaptarse a una nueva realidad.

¿Qué síntomas son los que pueden aparecer en este tipo de situaciones?

No es extraño que se experiment una combinación de síntomas y que estos lleguen a confundirse con otras condiciones médicas o psicológicas. Algunos de los más frecuentes son:

  • Trastornos del sueño: dificultad para conciliar o mantener el sueño, o sensación de no haber descansado al despertar.
  • Cambios en el apetito: aumento o disminución del hambre, a menudo acompañados de cambios de peso.
  • Irritabilidad o ansiedad persistente: sensación de estar “al límite”, hipersensibilidad emocional, o reacciones desproporcionadas.
  • Cansancio constante: fatiga mental o física sin causa médica aparente.
  • Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
  • Llanto fácil o sensación de tristeza inexplicable.
  • Aislamiento social progresivo: se empieza a evitar el contacto con amistades o situaciones cotidianas.

Estos síntomas suelen aparecer en las semanas posteriores al evento estresante y pueden durar varios meses si no se abordan adecuadamente.

¿Es normal sentirse así?

La respuesta es sí, pero con matices. Es normal experimentar malestar cuando enfrentamos situaciones difíciles. Lo que no es saludable es normalizar ese malestar cuando se prolonga, interfiere con el funcionamiento diario o deja de tener relación directa con el evento que lo provocó.

Muchas mujeres han aprendido a minimizar lo que sienten, a restar importancia a sus emociones o a exigirse seguir adelante “como si nada”.

Esta presión interna puede silenciar señales tempranas de un trastorno adaptativo, dificultando el reconocimiento del problema.

Desarrollar respuestas adecuadas: de la intuición al abordaje terapéutico

La buena noticia es que este tipo de trastorno tiene un excelente pronóstico cuando se identifica a tiempo y se interviene de forma adecuada.

Estas son algunas claves para desarrollar respuestas adaptativas y no reactivas:

  1. Validación emocional: Lo primero es reconocer que lo que sientes es legítimo. Tienes derecho a sentirte así. No necesitas justificar tu malestar para que sea válido.
  2. Psicoeducación: Comprender que tu organismo responde de forma coherente al estrés permite reducir la autoexigencia. Conocer el trastorno ayuda a quitarle carga de culpa o vergüenza.
  3. Espacio terapéutico: La intervención psicológica basada en terapia cognitivo-conductual o enfoques integradores permite explorar las creencias asociadas al cambio, desarrollar habilidades de afrontamiento y prevenir cronificaciones.
  4. Apoyo social: Compartir lo que estás atravesando con personas de confianza genera bienestar emocional.
  5. Autocuidado estructurado: Establecer rutinas, descanso adecuado, actividad física moderada y momentos de conexión contigo misma son pilares para restaurar el equilibrio emocional.

Cuando lo emocional se vuelve físico, escucha el mensaje

No estás exagerando. Lo que te pasa tiene sentido y puede explicarse desde la psicología.

El trastorno adaptativo no es un signo de debilidad, sino una señal de que estás enfrentando una transición significativa. Reconocerlo a tiempo y atenderlo desde un lugar de autocuidado y compasión puede ser el inicio de un nuevo equilibrio, más consciente y más alineado contigo misma.

Si te sentiste identificada con este artículo, no dudes en buscar orientación profesional. El primer paso para sanar muchas veces comienza por dejar de preguntarte si es normal y empezar a preguntarte qué necesitas.

Buscar ayuda profesional: una decisión valiente y transformadora

Si bien, en ocasiones, las personas logran adaptarse a los cambios vitales, en muchas otras, experimentan un desgaste emocional progresivo que va minando su calidad de vida. Aquí es donde la consulta con un profesional de la psicología no solo resulta útil, sino altamente recomendable.

Contrario a lo que algunos mitos aún sostienen, acudir al psicólogo no es señal de debilidad, sino de inteligencia emocional y responsabilidad personal. Significa que te escuchas, que te reconoces vulnerable (como todos lo somos en ciertos momentos) y que eliges hacer algo al respecto.

¿Por qué es recomendable consultar a un profesional?

  • Evaluación precisa: Un psicólogo puede ayudarte a identificar si tus síntomas corresponden a un trastorno adaptativo u otra condición, evitando autodiagnósticos erróneos o minimización del problema.
  • Intervención personalizada: Recibirás estrategias específicas para tu situación particular, alineadas con tu historia, tu forma de ser y los recursos con los que cuentas.
  • Prevención de cronificación: Atender a tiempo un trastorno adaptativo reduce el riesgo de que evolucione hacia cuadros más complejos, como la depresión mayor o los trastornos de ansiedad.
  • Reconfiguración de hábitos y creencias: El proceso terapéutico favorece el desarrollo de nuevas formas de interpretar la realidad, mejorar tu diálogo interno y tomar decisiones más alineadas con tus necesidades reales.
  • Cuidado de tu salud integral: Porque lo emocional no está separado de lo físico. El bienestar psicológico influye directamente en tu sistema inmune, tu descanso, tu alimentación y tu forma de relacionarte con el entorno.

En resumen, si estás atravesando un cambio vital que ha traído consigo síntomas emocionales o físicos que no comprendes, y te preguntas si “es normal sentirte así”, la mejor respuesta no la da un buscador en internet, sino una mirada profesional, empática y entrenada en comprender lo que no siempre se ve a simple vista.

Invertir en tu salud mental es invertir en ti misma.

Y nunca es tarde para hacerlo.

 


miércoles, 25 de junio de 2025

¿Por qué a mi?: Entendiendo la Victimización en el Acoso entre Adolescentes

 

La adolescencia, una etapa de construcción de identidad y búsqueda de pertenencia, no siempre es un camino fácil. Para algunos jóvenes, se convierte en un calvario silencioso: el acoso o bullying

Como padres y educadores, es fundamental comprender por qué un/a adolescente puede convertirse en víctima, cómo se desarrolla este doloroso proceso y, principalmente, cuáles son las señales de alarma para poder detectarlo a tiempo. No es una cuestión de averiguar cuál es la"culpa" por la que una persona se convierte en la víctima, sino de desentrañar cuál es la compleja interacción de factores que pueden convertir a una persona en concreto en vulnerable.

¿Por Qué Algunos Adolescentes Se Convierten en Víctimas de Acoso?

La victimización en el acoso no responde a una única causa, como ya había apuntado en el párrafo anterior, sino a una compleja interacción de factores psicológicos, sociales, antropológicos y rasgos de personalidad que, de manera inconsciente, pueden hacer que un o una joven sea percibido/a como un blanco fácil a los ojos de otros jóvenes, que a su vez, responden a sus propios factores y disparadores que están a la base de sus conductas, y de las que hemos hablado en anteriores entradas del blog.



En estas líneas, vamos a analizar cuales son las principales variables que pueden estar presentes, en diferentes combinaciones y grados de influencia, cuando estamos ante un o una menor que esta siendo victima de acoso:

1. Factores Psicológicos y Rasgos de Personalidad:

  • Baja Autoestima e Inseguridad: Los y las jóvenes que carecen de una buena autoimagen o que dudan de sus capacidades presentan mayor probabilidad de ser victimizados. Su inseguridad los hace menos propensos a defenderse o a buscar ayuda, y esta vulnerabilidad puede ser detectada por quienes buscan acosar.
  • Ansiedad Social o Timidez Extrema: La dificultad para interactuar socialmente, el miedo al juicio de los demás o una timidez pronunciada pueden llevar al aislamiento. Los/las acosadores/as a menudo buscan individuos que no tienen un fuerte grupo de apoyo.
  • Falta de Habilidades Asertivas: No ser asertivo/a saber cómo establecer límites, decir "no" o expresar desacuerdo de manera firme pero respetuosa, convierte al/a la adolescente en un blanco fácil. La sumisión o la incapacidad para defenderse puede convertirse en una especie de señal de "disponibilidad" para "acosadores".

  • Sensibilidad Emocional Elevada: Los/las jóvenes altamente sensibles pueden reaccionar (llanto, retraimiento) de forma más visible a las conductas  de los demás que pueden ser interpretadas como acoso , lo que, paradójicamente, puede reforzar la conducta de acoso cuando se busca una reacción.
  • Dificultades en la Regulación Emocional: Aquellos/as que tienen menos habilidades para manejar emociones intensas pueden tener reacciones menos adecuadas e incluso desproporcionadas ante situaciones de estrés, lo que puede ser percibido por el grupo como señal de debilidad y convertirse en una especie de "invitación" al acoso para aquellos elementos del grupo que tienen esta predisposición a las conductas violentas.

2. Factores Sociales y Dinámicas de Grupo:

  • Aislamiento Social o Pocas Redes de Apoyo: Los/las adolescentes sin un grupo sólido de amigos/as, o que normalmente quedan al margen de las dinámicas sociales son más vulnerables. La falta de "factores protectores" o acompañantes válidos, que intervengan en dichas dinámicas, reduce la percepción de riesgo al perpetrar el acoso.
  • Diferencias Perceptibles: Cualquier característica que se salga de la "norma" establecida por el grupo puede ser un detonador. Esto puede incluir diferencias físicas (peso, altura, aspecto), culturales (origen, acento), socioeconómicas, o incluso académicas (ser "demasiado" inteligente, o por el contrario, tener dificultades de aprendizaje). El grupo puede usar estas diferencias para "etiquetar" y excluir.
  • Dinámicas de Poder en el Grupo: En algunos grupos, existen jerarquías de poder donde el acoso se usa para mantener el estatus de los/las acosadores/as y afianzar la cohesión del grupo contra un/una "enemigo/a común". El grupo puede tolerar o incluso alentar la victimización para evitar ser el siguiente objetivo.
  • Pasividad de Testigos: Si los/las compañeros/as no intervienen (por miedo, indiferencia o desconocimiento), la víctima se siente más sola y quien acosa se siente más impune.

3. Factores Antropológicos y Evolutivos (Contexto del Grupo):

  • Necesidad de Cohesión Grupal Mal Encauzada: En la búsqueda de identidad grupal, algunos grupos pueden reforzar su cohesión a través de la exclusión o el ataque al "otro" o la "otra" percibido/a como diferente o débil. Es una forma primitiva de establecer límites y jerarquías.
  • Miedo a la Exclusión Propia: Los/las observadores/as o "testigos" pasivos a menudo no intervienen por miedo a convertirse en el próximo objetivo de acoso si defienden a la víctima.

4. Factores Familiares y del Entorno:

  • Estilos Parentales: Un estilo parental excesivamente protector que impide al/ a la adolescente desarrollar autonomía, o, por el contrario, uno negligente que no le proporciona las herramientas para resolver conflictos, pueden convertirse en ambos casos, en factores predisponentes.
  • Falta de Comunicación Familiar: Si el/la joven no siente que puede hablar abiertamente con sus padres,y que será comprendido y apoyado incondicionalmente,  es menos probable que revele lo que le sucede.
  • Experiencias Previas de Trauma o Estrés: Haber vivido otras situaciones estresantes o traumáticas puede aumentar la vulnerabilidad de un7una joven al acoso, disminuyendo su resiliencia.

El Proceso de Victimización: Una Espiral Silenciosa

La victimización en el acoso no suele ser la consecuencia de un evento , sino se corresponde más bien,  a un proceso gradual y, a menudo, insidioso que puede arrastrar al adolescente a una espiral de sufrimiento:

  1. Fase Inicial (Exploración/Identificación del Objetivo): El/la acosador/a o el grupo identifica a un objetivo o diana que, por sus características (aislamiento, baja autoestima, diferencias notables), parece que va a presentar menor resistencia, o bien, parece tener menor tendencia a defenderse o a ser protegido por terceros. Las primeras acciones pueden ser sutiles: burlas esporádicas, exclusión leve, rumores.
  2. Fase de Establecimiento (Aumento de la Agresión): Si la víctima no reacciona positivamente en su defensa, reacciona de forma que refuerza el acoso (llanto, pánico) o no encuentra apoyo externo, el acoso se intensifica. Se vuelve más frecuente, sistemático y directo (físico, verbal, social, ciberacoso). La víctima empieza a sentirse impotente.
  3. Fase de Cronificación (Aislamiento y Deterioro): La víctima comienza a internalizar el acoso, creyendo que lo "merece" o que "algo anda mal por culpa suya". Se aísla, evita situaciones sociales, su rendimiento académico baja y su salud mental se deteriora. El silencio se convierte en su escudo y su prisión. Los observadores, si no intervienen, pueden llegar a aceptar el acoso como parte de la "normalidad" del grupo.
  4. Fase de Consecuencias Graves: Si no hay intervención, el acoso puede llevar a problemas de salud mental severos (depresión, ansiedad, trastornos alimentarios, ideación suicida), fobia social, abandono escolar, y, en casos extremos, tragedias.

Señales para descubrir que un/una menor o joven sufre acoso

La clave para poder intervenir es la detección temprana. Las víctimas de acoso rara vez hablan por miedo, vergüenza o porque no saben cómo hacerlo sin sufrir las consecuencias, que ellos anticipan, no van a ser buenas. Padres y educadores son las principales figuras de apoyo al ser observadores y sensibles a los cambios en el comportamiento y el bienestar del/ de la adolescente:

Cambios en el Comportamiento y el Humor:

  • Retraimiento y Aislamiento: Deja de participar en actividades en las que antes disfrutaba, evitar ir al colegio/instituto o a eventos sociales a los que sería normal que acudiese, se encierra en su habitación mucha más que antes.
  • Irritabilidad Inusual: Mostrar enfado, frustración o comportamiento explosivo sin una causa aparente y de forma desproporcionada a la situación.
  • Tristeza, Llanto o Ánimo Bajo: Mostrar signos de depresión, tristeza persistente o episodios de llanto espontáneo y sin explicación.
  • Cambios en los Patrones de Sueño: Insomnio, pesadillas frecuentes o, por el contrario, dormir excesivamente.
  • Cambios en el Apetito: Comer mucho menos o mucho más de lo que es habitual.
  • Comportamientos Regresivos: Conductas de regresión a la infancia (ej., chuparse el dedo, mojar la cama) en niños/as más pequeños/as, o volverse más dependientes de sus cuidadores.
  • Disminución del Rendimiento Académico: Bajar de forma brusca su rendimiento académico, perder interés en el estudio o por cualquier tipo de actividad académica o deportiva en la que había participado con agrado con anterioridad.
  • Falta de Higiene o Descuido Personal: Pérdida de interés por su aspecto físico, su aseo personal o la forma de vestirse.

Señales Físicas (Observables):

  • Lesiones Inexplicables: Moratones, cortes, rasguños, ropa rota o pérdida de objetos personales que no puede o no quiere explicar.
  • Dolencias Somáticas Frecuentes: Dolores de cabeza, de estómago, náuseas, sin causa médica aparente (especialmente antes de ir al colegio o a actividades sociales).
  • Cambios Físicos: Pérdida o aumento de peso significativo, cambios en el patrón de sueño.

Cambios en el Uso de la Tecnología (Ciberacoso):

  • Secretismo en el Uso de Dispositivos: Ocultar el teléfono, borrar mensajes, evitar que los padres puedan ver su actividad online.
  • Ansiedad al Recibir Notificaciones: Mostrar nerviosismo o tristeza al recibir mensajes o al usar redes sociales.
  • Evitar Ciertos Lugares Online: Dejar de usar plataformas o juegos online con los que antes disfrutaba.

Comunicación y Relaciones Sociales:

  • Evitar Hablar del Colegio o Amigos: Mostrar evasión o nerviosismo al ser preguntado sobre su vida escolar o social.
  • Pérdida de Amigos: Dejar de quedar con amigos/as o que los amigos/as dejen de buscarlo/a.
  • Comentarios Negativos sobre Sí Mismo: Expresar baja autoestima, sentirse "tonto/a", "feo/a" o "inútil".
  • Miedo Inexplicable: Mostrar temor a ir a ciertos lugares o a encontrarse con ciertas personas.

Conclusión: La Observación Activa y el Apoyo Incondicional

La victimización en el acoso es un problema complejo que requiere una mirada multifactorial. 

Padres y educadores tenemos la responsabilidad de ser observadores activos, prestando atención a los cambios, también los sutiles, en el comportamiento y el bienestar de los jóvenes. 

Más allá de la detección, es crucial crear un ambiente de confianza y apoyo incondicional donde el/la adolescente se sienta seguro/a para hablar, sin miedo a ser culpado o juzgado.

Entender las raíces de la vulnerabilidad y las fases del acoso nos empodera para intervenir a tiempo, proporcionando las herramientas necesarias para que estos/as jóvenes recuperen su voz, su seguridad y su derecho a desarrollarse en un entorno libre de miedo y agresión. 

Su bienestar no es negociable; nuestra acción, determinante.


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