Psicóloga especializada en ayudar a mujeres a romper patrones emocionales que las llevan a sabotearse en su vida, su cuerpo y sus relaciones.
viernes, 23 de septiembre de 2016
domingo, 18 de septiembre de 2016
¿Compra impulsiva o compra compulsiva?

Además, es fácil encontrar
ocasiones para hacer regalos, adquirir artículos para las propias necesidades,
invertir en vivienda y transporte, etc. Pero desafortunadamente para algunas
personas, la costumbre y el hábito de gastar se convierten en una necesidad
patológica.
Compramos cosas innecesarias por
diferentes motivos, algunas veces buscando la propia autoafirmación mediante la
mejora de la imagen, la comodidad, el capricho personal o por una afición al
coleccionismo. En otras ocasiones, compramos al dictado de lo que marque la
moda o cedemos a la presión de la rivalidad para no ser menos que los otros. En
este ambiente, una de las consecuencias esperables es que un porcentaje de la
población desarrolle una adicción a la compra.
Según el Informe Europeo sobre
Adicción al Consumo: una tercera parte de los ciudadanos de la U.E , los españoles entre
ellos, tienen serios problemas de autocontrol a la hora de realizar sus
compras. El 33 % de los españoles tiene
un alto nivel de tendencia al consumo irreflexivo o innecesario. Entre un 1 y
un 4 % de ellos podría ser considerado
como “consumidor patológico”, y necesitaría algún tipo de tratamiento o ayuda
psicológica. Si bien, cuesta mucho que estas personas sean conscientes
de que tienen un problema, de hecho, cuando acuden a tratamiento lo hacen
impulsados por la familia.
Estos compradores compulsivos son
capaces de dilapidar más de lo que tienen y poner en peligro su trabajo y
familia para satisfacer su ansía de comprar sin parar. La excitación
experimentada es comparable a otras situaciones como la del juego, la droga
etc. Y el motivo de ello es que los procesos psicológicos que están a la base
de estas conductas son los mismos que en los demás tipos de adicciones.
Un amplio número de problemas psicológicos,
familiares o sociales se relacionan con
el consumo y el gasto. Estudios
recientes indican que el número de casos patológicos está en ascenso.
Preocupa
muy especialmente la falta de una adecuada respuesta educativa al respecto, que
dirigida a niños y jóvenes, les informe y proteja como los consumidores que
ahora son, y les prepare como los futuros consumidores adultos que serán
mañana. Esto es grave, más si se tiene en cuenta que los jóvenes son los más
vulnerables a la publicidad.
La
edad de inicio del problema, se sitúa en los 18 años y se acentúa unos pocos
años después, cuando entran a formar parte del mundo laboral. Pero es en las
décadas entre los 30 y 40 años donde se sitúa un mayor número de adictos. En
promedio, tardan una media de 12 años en tomar consciencia del problema. Por
cada hombre adicto a la compra, son 4 las mujeres que presentan este problema.
lunes, 12 de septiembre de 2016
AUTOESTIMA
La autoestima es esencial para la
supervivencia emocional. El ser humano posee la capacidad de definir quien es,
establecer una identidad y después decidir si le gusta o no dicha identidad. El
problema surge cuando se rechazan partes de uno mismo, pues con ese proceder dañamos
considerablemente algunas de nuestras estructuras psicológicas.
Al autorechazarnos nos
producimos un profundo dolor y para mitigarlo aprendemos a huir y/o reinterpretar cualquier
situación que pensemos que pueda aumentar ese dolor. Buscamos la solución
levantando barreras defensivas inconscientemente, cómo por ejemplo inculpándonos, encolerizándonos, siendo perfeccionistas, poniendo excusas, fanfarroneando, etc.
En ocasiones se recurre al
alcohol, a las demás drogas u otros comportamientos adictivos. Comportamientos que no van a aliviar nuestro
malestar, lo más probable es que se agrave notablemente además de añadir nuevos problemas,
creando un círculo del que cada vez es
más difícil salir.
Por nuestra experiencia con los demás aprendemos a
valorarnos en función de cómo somos tratados, de las expectativas que se han
depositado en nosotros, de nuestros ideales, de nuestro nivel de desempeño,
etc. Cuando esto nos está dañando debemos saber que todo aquello que se aprende
es susceptible de “desaprenderse”. La forma en que uno se percibe a sí mismo es
fruto de antiguas heridas y puede cambiar.
Todo el mundo tiene una voz
interior critica, en las personas con baja autoestima esta voz lee la mente a las otras personas, lleva el
registro de los fracasos pero nunca de sus éxitos, fija estándares de
perfección imposibles de alcanzar, exagera las debilidades,… y parece que es lo
natural ya que comparte su vida cada día. Por distorsionados y falsos que sean
sus ataques, siempre se le cree. El secreto para que una mentira sea creíble es
repetirla lo suficiente y eso es precisamente lo que la voz crítica hace con
quien tiene baja autoestima. Es una voz patológica que tiene su origen en el
comienzo de la historia vital.
Los padres enseñan sus hijos
desde que nacen que las conductas son aceptables, reprobables, peligrosas,
loables, etc. Se premia aquella conducta buena y se reprende la que no lo es.
El niño desde muy pequeño, aprende así que debe ser de determinada forma para
obtener la aprobación de sus padres, de alguna forma sabe que correría un grave
riesgo si fuese rechazado. Todos crecemos con residuos emocionales de los
gestos prohibitivos que nos llevan a pensar que hay una parte de nosotros que
es mala y que explica por qué los ataques de esa voz crítica encajan tan bien
con lo que uno ya sentía sobre sí mismo.
Se aprende a escucharla y a creerla pero no se ha aprendido a
desconectarla. Lo cierto es que puede aprender a analizar y a refutar lo que le
dice la crítica. Puede resintonizarla antes de que envenene sus sentimientos.
viernes, 9 de septiembre de 2016
LA VIDA. UN TRÁNSITO HACIA LA MUERTE
El morir comienza desde el momento de nacer, este es un axioma sin derecho a
réplica y en el que todos estamos de acuerdo, eso sí, a partir de alcanzar cierta
edad. Se nace sin conciencia de que algún día se tiene que morir, pero pronto se
advierte de manera creciente de que la vida, toda ella, tiene un ciclo: nacer,
crecer, declinar y morir.
Desde el prisma de la más pura ciencia natural, el envejecimiento biológico
comienza cuando termina el período de crecimiento, es un proceso gradual e
insidioso, pero progresivo. Ocurre entre los 25 y los 30 años, y es observable
después de los 40 años cuando el desgaste de los tejidos se hace evidente a
simple vista.
Hablamos de “envejecimiento primario” cuando nos referimos a este
proceso gradual e inevitable de declive que continua a lo largo de los años, y
sobre el cual, nuestras posibles actuaciones ejercen poca influencia.
Nos referimos al “envejecimiento secundario” como aquel proceso de deterioro
derivado de una enfermedad, el abuso y la inactividad, o un modelo de vida no
saludable y que si es sensible a las acciones de la persona para controlarlo.
Lo cierto es que, no podemos hablar de envejecimiento y pensar en una categoría
estándar, ya que el envejecimiento del ser humano es un proceso caracterizado
por una enorme diversidad, y además, en cada una de las personas manifiesta
una tendencia altamente cambiante a lo largo del tiempo.
Algunos factores que determinan dicha diversidad son: la herencia genética, el
estado de salud, el status socioeconómico, las influencias sociales, la educación
y la ocupación ejercida, las diferencias por generación y la personalidad.
Las mejores condiciones sanitarias y socioeconómicas, junto con los adelantos
tecnológicos de las últimas décadas, han propiciado el aumento de la esperanza
de vida; que no significa solamente que la población viva más años, sino que el
número de personas mayores aumenta al mismo ritmo que cambian sus
características personales y sociales, tienen nuevas formas de vida y sus
opiniones, convicciones y objetivos difieren bastante de los que tenían quienes
formaban este mismo grupo de población hace tan sólo unas décadas.
Según los estudios realizados sobre esperanza de vida y longevidad, las curvas
de supervivencia apoyan la idea de un límite biológico del ciclo de vida. Aunque
mucha gente vive más tiempo que en el pasado, las curvas todavía terminan
alrededor de los 100 años. Esto podría ser indicativo de que independientemente
de la salud, la condición física y de las mejoras ambientales; el límite máximo
del ciclo humano de vida no excedería significativamente a esta edad.
miércoles, 24 de agosto de 2016
El problema de comer
Cuando nuestros
antepasados desarrollaron la agricultura, más o menos 10.000 años A.C:
abandonaron progresivamente su rol de
cazadores y recolectores, tomando el control de la producción por medio de la
agricultura y la ganadería. Se calcula que este cambio incremento la población
un 1.000 %. El hombre ya no era nómada, se estableció y durante siglos fue
perfeccionando sus técnicas productivas.
En los últimos cincuenta
años (quizás sesenta) debido al espectacular desarrollo de una agricultura y
una ganadería capaces de producciones intensivas se han generado, al menos en las sociedades
desarrolladas, unas altas cantidades de alimentos, causantes de que tengamos
disponibles un número ilimitado de calorías que obtenemos con un escaso gasto
energético por nuestra parte.
Desde esta perspectiva
es fácil entender porque nuestra especie esta manifestando una tendencia a
engordar. Quizá responda a una nueva adaptación que a lo largo de numerosas
generaciones futuras camine hacia una obesidad sin repercusiones en la salud no
sabemos muy bien por, ni para que finalidad. Pero de momento, lo que sí sabemos
ya, es que esta tendencia, y un ideal de
belleza no demasiado conectado a la realidad desarrollado en el mundo
occidental, esta causando problemas a un
numero importante de personas en forma de trastornos alimentarios.
Los trastornos de la
alimentación constituyen uno de los problemas de salud que han experimentado
mayor crecimiento en la población joven. En la actualidad, el ser delgado se
asocia con la belleza y la salud, lo que está provocando un culto por el cuerpo
y la búsqueda del canon estético de la delgadez que lleva a establecer
objetivos de pérdida de peso no realistas cada vez desde edades más tempranas.
Estudios recientes
sugieren que 11.2% de los adolescentes muestran conductas alimentarías de
riesgo para el desarrollo de TCA, de las que casi 70% de los casos son mujeres. Otro estudio mostró como hasta un 8% de las universitarias encuestadas creían
que las estrategias extremas que se han popularizado para el control del peso
(por ejemplo, las dietas monoalimentarias) son prácticas útiles.
Estas dietas de dudosa
eficacia pueden conducir al desarrollo, no sólo de los bien conocidos
trastornos alimentarios, sino también de nuevos TCA como la vigorexia y la
ortorexia, el trastorno por atracón o trastorno alimentario compulsivo. Ser
mujer y vivir en una cultura occidental ya constituye un factor de riesgo para
padecer un TCA.
Generalmente, las
mujeres comienzan a restringir su dieta cuando hay diferencias entre cómo se
ven y cómo se quieren ver; es decir, cuando creen que su cuerpo no concuerda
con el ideal social, se genera en ellas una insatisfacción con el tamaño y la
forma de su cuerpo.
Continuara en próximas entradas...
La autoestima es esencial para la supervivencia psicológica.
La importancia de la autoestima reside en que concierne a todo lo que somos, nuestra forma de ser y la evaluación que hacemos de nuestra valía. El problema esta en la capacidad humana del juicio. Juzgarse y rechazarse a uno mismo produce un enorme dolor. Para evitar agravar de algún modo ese malestar, tendemos a replegarnos, asumir menos riesgos, relacionarnos menos y con peor calidad en nuestras interacciones. Levantamos barreras defensivas, para algunos será la ira, otros el perfeccionismo, las fanfarronadas, las drogas,…..
Nadie puede dejar de pensar en sí mismo y de evaluarse. Importa por tanto, desarrollar nuestra autoestima de la forma más realista y positiva posible, para que nos permita descubrir y utilizar debidamente nuestros recursos personales disponibles, así como aceptar y superar en la medida de nuestras posibilidades nuestras deficiencias.
El estilo de crianza recibido durante los 3 ó 4 primeros años de vida junto con las circunstancias de la vida que nos toque vivir, tendrán un gran peso en la polaridad y calidad de nuestra autoestima. Pero no solo en este periodo del desarrollo va a darse esta influencia. Recientes estudios realizados con adolescentes se ha visto como el apoyo percibido de sus padres, principalmente de la madre, es el elemento que configura la autoestima de los adolescentes tanto en el dominio familiar como en el escolar.
Aunque no estamos completamente determinados por los estilos de crianza recibidos. Las circunstancias de nuestra vida van a influir en la configuración de nuestra personalidad y también en el tipo y grado de autoestima que desarrollemos, pero no es menos cierto que el tipo y grado de autoestima que tenemos también va a incidir en como se desarrollen estas circunstancias.
Es aquello del ¿qué fue primero el huevo o la gallina? No se sabe pues a pesar de las investigaciones, no hay acuerdo. El factor más importante para el cuidado o reestructuración de la autoestima son nuestras propias (auto) ideas, (auto) creencias y (auto) percepciones.
Una autoestima suficiente posee en mayor o menor medida:
- Aprecio hacia uno mismo, independientemente de lo que se pueda hacer o poseer.
- Aceptación tolerante y esperanzada de sus limitaciones, debilidades, errores y fracasos.
- Afecto comprensivo. Actitud que genere sentimientos de paz interior.
- Atención y cuidado. Tiene en cuenta sus necesidades reales (psíquicas, intelectuales, físicas, espirituales,…).
Estamos envejeciendo...
La
población global está en proceso de envejecimiento, esto es un hecho. Los
incrementos más rápidos de envejecimiento poblacional se darán en los países en
desarrollo. De hecho, en muchas partes del mundo el grupo de edad de crecimiento
se produce en personas de ochenta o más años.
Este
es el resultado de una combinación entre varios factores, como por ejemplo: la disminución
de la fertilidad, el crecimiento económico, una mejor nutrición, estilos de
vida más sanos, mejor control de las enfermedades infecciosas, agua e
instalaciones de salubridad más seguras, y también, como obviar el avance en la
ciencia, la tecnología y la medicina en las últimas décadas.
A
lo que coloquialmente llamamos “tercera edad”, se refiere en realidad a un
amplio colectivo de personas con un vasto rango de edades; en consecuencia, es
la etapa en la que se dan mayores más acusadas diferencias entre sus
componentes, tanto en el estado funcional, cognitivo, motor, psicológico, etc.
de cada persona anciana; y también en la red social y familiar que les rodea,
su nivel de adaptación a la nueva situación económico-laboral, etc. por nombrar
solo alguno de los muchos ejemplos posibles.
Lo cierto es que la edad
cronológica pierde valor explicativo en esta etapa. A
pesar de todo ello, en nuestro modelo social actual, la vejez se asocia con
escenarios de calado negativo. Habitualmente se atribuye a esta etapa de la
vida particularidades como la dependencia, la enfermedad, los problemas
cognitivos, la soledad, etc. Son estos unos estereotipos que pueden tener o no
relación con la realidad.
Podemos
constatar, si escuchamos a nuestros mayores, especialmente a aquellos que
tienen menos años, mantienen mejores niveles de salud, o cuentan con una mejor
red de apoyo familiar y social, -en definitiva, los que viven su tiempo con un
interés que supere el de la mera supervivencia-, que éstas creencias de
negatividad y decadencia no son aplicables, ni mucho menos, en todas las
personas mayores. ¡Nada más lejos de la realidad!
Es
necesario, erradicar falsas creencias y errores, y sobre todo revelar la
inconveniencia de generalizar cuando hablamos de la vejez, puesto que, de lo
contrario, y a pesar de todos nuestros esfuerzos y de nuestra indudable
competencia profesional, podríamos no estar proporcionando a nuestros ancianos
una atención acorde con sus necesidades reales, que son exclusivas e
individuales.
Aunque
es cierto que existe una tendencia similar en cuanto al patrón de
comportamiento biológico y fisiológico, no lo es menos que la combinación
(única y exclusiva de cada individuo) de variables comportamentales,
ambientales y genéticas tienen una clarísima influencia en el proceso de envejecimiento.
De
todos modos, incluso en aquellos casos en los que la presupuesta situación de
deterioro este presente, no necesariamente se debe asumir en estas personas la
carencia de ilusiones, proyectos o esperanzas. Es más, en estos casos es una
muy buena práctica ayudarles a buscar, incitar y promover propósitos e
ilusiones que den significado y valor a su presente, sea cual sea la
circunstancia en que lo transiten.
lunes, 8 de agosto de 2016
jueves, 7 de mayo de 2015
PsicoSAD, Asistencia Domiciliaria y Psicología
PsicoSAD es una empresa de Asistencia
Domiciliaria autorizada para trabajar con la Ley de la Dependencia por
la “Consellería de Bienestar Social de la Generalitat Valenciana con el
Nº 81.
Esta gestionada por profesionales psicosociales colegiados y altamente cualificados y prestan servicios en Castellón y en Valencia.
Son especialistas en Psicologia y Neuropsicología, y atienden a todo tipo
de colectivos: niños, adultos y personas mayores.
Tratan problemas de conducta infantil, problemas académicos, TDAH,
Discapacidad Intelectual,…
En adultos todo tipo de problemática
emocional: depresión, ansiedad, estrés,…
En personas mayores tienen más de 13 años de experiencia atendiendo a pacientes con
demencias.
También realizan atención integral en el entorno familiar.
ATIENDEN A DOMICILIO.
http://www.psicosad.com/
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